Un estudio reciente, desarrollado por científicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, sugiere que dos compuestos presentes en la planta de cannabis, el CBD y el CBG, podrían ayudar a reducir la acumulación de grasa en el hígado y mejorar algunos indicadores del metabolismo. Los investigadores observaron que estos cannabinoides no psicoactivos influyen en la forma en que las células hepáticas gestionan la energía y procesan las grasas, lo que podría contribuir a mejorar la función del órgano en situaciones de estrés metabólico, como las dietas ricas en grasas o los trastornos metabólicos asociados a la obesidad.
Este hallazgo ha despertado un creciente interés en la comunidad científica, ya que el hígado graso es actualmente una de las enfermedades hepáticas más comunes en el mundo y todavía existen pocas opciones farmacológicas eficaces para tratarlo. En este contexto, la investigación sobre compuestos derivados de plantas como el cannabis abre nuevas vías de estudio para comprender mejor el metabolismo hepático y explorar posibles estrategias terapéuticas en el futuro.
Qué es el hígado graso y por qué es un problema cada vez más común
El hígado graso, conocido médicamente como esteatosis hepática o MASLD (enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica), es una afección en la que se acumula una cantidad excesiva de grasa dentro de las células del hígado. Esta acumulación suele estar relacionada con alteraciones metabólicas como la obesidad, la resistencia a la insulina, el colesterol elevado o la hipertensión. En muchos casos, la enfermedad se desarrolla de forma silenciosa y no presenta síntomas evidentes durante años. En las últimas décadas, la prevalencia del hígado graso ha aumentado de forma significativa en todo el mundo. Se estima que alrededor de un tercio de la población adulta podría presentar algún grado de acumulación de grasa en el hígado, especialmente en sociedades donde predominan dietas ricas en calorías y estilos de vida sedentarios. Aunque en sus fases iniciales puede no causar problemas graves, en algunos pacientes la enfermedad puede evolucionar hacia inflamación hepática, fibrosis e incluso cirrosis si no se controla adecuadamente.



