Las familias índica y sativa llevan décadas protagonizando debates, mitos y comparativas dentro del mundo del cannabis. Aunque hoy sabemos que la genética moderna mezcla ambas líneas en la mayoría de variedades, comprender sus diferencias originales sigue siendo esencial para identificar sus aromas, su estructura de crecimiento y sus características botánicas. Lejos de limitarse a sus efectos, las diferencias entre índica y sativa nacen de su geografía, su morfología y su evolución natural.
¿Qué diferencia realmente a las variedades índica y sativa?
Origen botánico y adaptación al clima
Las variedades índica y sativa se desarrollaron en regiones del mundo muy distintas, lo que condicionó su forma, su resistencia y su comportamiento. La índica procede de zonas montañosas y frías como Afganistán, Pakistán o el Tíbet, donde las plantas debían soportar temperaturas bajas, vientos fuertes y estaciones cortas. Esto favoreció ejemplares compactos y cargados de resina como mecanismo de protección. La sativa, en cambio, se adaptó a climas tropicales como los de Tailandia, México o Jamaica, con temperaturas cálidas y ciclos de luz más largos. Por eso son plantas altas, más aireadas y con una estructura diseñada para crecer hasta alcanzar más luz. La diferencia climática es la base que explica buena parte de sus rasgos actuales.
Morfología: altura, follaje y forma de los cogollos
Las índicas se caracterizan por su porte bajo y robusto, normalmente entre uno y dos metros de altura, con hojas gruesas de color verde oscuro y ramas muy pobladas. Los cogollos suelen ser densos, compactos y resinosos, ya que la planta produce grandes cantidades de tricomas para protegerse del frío. Las sativas, en cambio, pueden alcanzar tres, cuatro o incluso cinco metros, desarrollando hojas finas y alargadas, de tonos más claros, y una ramificación más espaciada. Sus cogollos son más aireados y alargados, adaptados a ambientes húmedos para evitar la proliferación de hongos. Esta diferencia en estructura hace que cada variedad tenga un perfil visual y aromático único.
Ritmo de crecimiento y periodo de floración
Otra distinción fundamental es el ritmo de crecimiento. Las índicas tienen ciclos más cortos y previsibles, con floraciones que suelen oscilar entre 45 y 65 días. Esto se debe a la necesidad de completar su ciclo antes de que llegue el invierno en su entorno natural. Las sativas, por el contrario, presentan un crecimiento continuo incluso durante la floración, pudiendo duplicar o triplicar su tamaño en esta etapa. Sus floraciones son más largas —a menudo entre 70 y 90 días—, adaptadas a los climas tropicales donde no existe un frío severo que limite su desarrollo. Esta diferencia convierte a cada variedad en una opción más adecuada según el espacio, la luz y el entorno de cultivo.
