¿Qué le hace el THC al cuerpo y al cerebro?

Entender qué le hace el THC al cuerpo puede ayudarte a tener una experiencia más consciente y comprender mejor por qué aparecen determinados efectos. El THC (tetrahidrocannabinol) es uno de los compuestos más conocidos del cannabis y actúa interactuando con el sistema endocannabinoide, una red natural del organismo relacionada con funciones como el estado de ánimo, el apetito, la memoria y la percepción.

Cuando el THC entra en el cuerpo, se une principalmente a unos receptores llamados CB1, que se encuentran sobre todo en el cerebro. Esta interacción es la responsable de efectos como la sensación de relajación, cambios en la percepción del tiempo, una mayor intensidad sensorial o alteraciones temporales en la concentración y la coordinación.

Los efectos pueden variar según diferentes factores como la cantidad consumida, la tolerancia, el contexto o las características de cada persona, pero en general ocurren porque el THC modifica durante un tiempo la forma en que ciertas zonas del cerebro se comunican entre sí.

Y aquí surge una duda muy habitual: si el CBD y el THC vienen de la misma planta, ¿por qué no producen el mismo efecto? La diferencia está en cómo interactúan con el organismo. Aunque ambos son compuestos del cannabis, el CBD actúa de una forma distinta sobre estos receptores, por lo que no genera el efecto psicoactivo asociado al “colocón”.

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¿Cómo interactúan el THC y el receptor CB1 del sistema nervioso central?

Para entender qué le hace el THC al cuerpo, primero hay que conocer una idea sencilla: nuestro organismo ya cuenta con un sistema diseñado para regular funciones como el estado de ánimo, la memoria, el apetito o la percepción. Ese sistema se llama sistema endocannabinoide.

El THC actúa conectándose principalmente a un receptor llamado CB1, que está presente en distintas zonas del cerebro. Curiosamente, el cuerpo ya produce sus propias moléculas para activar estos receptores de forma natural, pero el THC lo hace de una manera más intensa y con efectos más duraderos.

Cuando el THC se une a estos receptores, no “enciende” el cerebro, sino que modifica cómo las neuronas se comunican entre sí. En otras palabras, cambia temporalmente la forma en que el cerebro envía y recibe información, regulando la liberación de sustancias que influyen en cómo pensamos, sentimos y reaccionamos.

Por eso sus efectos pueden sentirse de formas tan distintas:

  • Cambios en la percepción del tiempo
  • Sensación de relajación o desconexión
  • Mayor sensibilidad a estímulos
  • Alteraciones temporales en la memoria o la concentración
  • Cambios en la coordinación y el movimiento

Estos efectos ocurren porque los receptores CB1 se concentran especialmente en zonas del cerebro relacionadas con la memoria, las emociones, la toma de decisiones y el control motor. Además, hay una diferencia importante entre el THC y los cannabinoides que produce el propio cuerpo: mientras nuestras moléculas naturales actúan durante segundos o minutos, el THC permanece más tiempo en el organismo y se procesa en el hígado, lo que hace que sus efectos puedan durar varias horas. En algunos casos, especialmente cuando se consume por vía oral, algunos de sus metabolitos pueden prolongar aún más esa duración.

También existe otro receptor llamado CB2, que forma parte del mismo sistema pero está más relacionado con funciones del sistema inmunológico. Aunque el THC también interactúa con él, la mayoría de los efectos que asociamos al “colocón” o a la experiencia psicoactiva están ligados principalmente al receptor CB1.

¿Qué áreas del cerebro activa el THC con más intensidad?

 

Hipocampo: memoria y capacidad para retener información

El hipocampo es una de las áreas más relacionadas con la memoria, especialmente con la capacidad de guardar información reciente. Cuando el THC actúa en esta zona, puede hacer que el cerebro tenga más dificultad para registrar cosas nuevas durante un tiempo. Por eso ocurre esa sensación tan conocida de:

  • Entrar en una conversación y perder el hilo.
  • Olvidar lo que estabas haciendo hace unos minutos.
  • Tener dificultad para recordar detalles recientes.

Eso no significa que desaparezcan los recuerdos ni que se borre la memoria; simplemente el proceso de guardar información nueva funciona de forma menos eficiente mientras duran los efectos.

Corteza prefrontal: atención, decisiones y concentración

Otra zona donde el THC tiene bastante influencia es la corteza prefrontal, que participa en tareas como:

  • Mantener la concentración.
  • Organizar ideas.
  • Tomar decisiones.
  • Controlar impulsos.

Por eso algunas personas describen sensaciones como pensamientos más lentos, dificultad para mantener el foco o sensación de estar más dispersos.

Amígdala: emociones y ansiedad

La amígdala es una región clave en cómo procesamos las emociones. Aquí aparece algo interesante: el efecto del THC puede sentirse de forma diferente según la persona, el momento o la cantidad consumida.

En algunas situaciones puede asociarse con una sensación de relajación o desconexión. Pero en otras, especialmente con dosis altas o en personas más sensibles, puede favorecer:

  • Mayor sensibilidad emocional.
  • Pensamientos acelerados.
  • Sensación de incomodidad o ansiedad.

Por eso dos personas pueden tener experiencias completamente distintas con la misma sustancia.

Sistema límbico: percepción del tiempo

El THC también influye sobre regiones relacionadas con cómo interpretamos el paso del tiempo. ¿La típica sensación de que han pasado 30 minutos y solo fueron 10? Ese efecto tiene relación con cambios temporales en cómo el cerebro organiza y percibe la secuencia de los acontecimientos.

Cerebelo y ganglios basales: coordinación y reflejos

Estas zonas están implicadas en el movimiento, el equilibrio y el tiempo de reacción. Cuando el THC actúa aquí, algunas personas pueden notar:

  • Movimientos menos precisos.
  • Sensación de lentitud corporal.
  • Menor coordinación.
  • Tiempo de reacción más lento.

Por eso actividades que requieren atención y reflejos —como conducir— pueden verse afectadas.

¿Cuánto tarda el THC en hacer efecto en el cuerpo según la vía de consumo?

El tiempo de inicio de la acción del THC en el organismo depende fundamentalmente de la velocidad con la que el compuesto alcanza la circulación sistémica y cruza la barrera hematoencefálica para llegar al cerebro. Esa velocidad varía de forma muy significativa según la vía de administración, porque las distintas vías tienen superficies de absorción, velocidades de tránsito y mecanismos de entrada al torrente sanguíneo completamente distintos.

Vía de consumo Inicio de acción Pico de concentración plasmática Duración total Biodisponibilidad aprox.
Inhalada (combustión o vaporización) 2-10 minutos 15-30 minutos 2-4 horas 10-35% (variable)
Sublingual (aceite bajo la lengua) 15-45 minutos 60-120 minutos 4-6 horas 12-35%
Oral (comestibles, cápsulas) 30-120 minutos 2-4 horas 6-10 horas 4-20%
Tópica (cremas, parches transdérmicos) Variable (horas) Variable Variable Muy baja sin penetrador
  • La vía inhalada tiene el inicio de acción más rápido porque el THC pasa directamente desde los alvéolos pulmonares a la circulación sistémica sin pasar por el hígado, y llega al cerebro en cuestión de minutos. La vía oral es la más lenta porque requiere absorción intestinal y un efecto de primer paso hepático en el que el THC es metabolizado parcialmente antes de alcanzar la circulación sistémica.
  • La vía sublingual evita parcialmente el primer paso hepático al absorberse a través de la mucosa sublingual, lo que ofrece un perfil intermedio: inicio más rápido que la oral pero menos predecible que la inhalada. Los parches transdérmicos con THC requieren vehículos penetradores específicos para atravesar las capas cutáneas de forma eficaz; sin ellos, la absorción es muy limitada.

¿Cuánto dura el THC en el cuerpo?

La duración de los efectos subjetivos perceptibles del THC en el cuerpo —la intoxicación cannábica que el consumidor nota— es un parámetro distinto de la permanencia del compuesto y sus metabolitos en el organismo. Son dos cuestiones que se confunden con frecuencia y que tienen implicaciones prácticas completamente diferentes: la primera determina el tiempo durante el que las capacidades cognitivas y motoras están alteradas; la segunda determina el tiempo durante el que los análisis biológicos detectarán rastros del consumo.

Los efectos perceptuales sobre la cognición y la coordinación remiten entre 2 y 6 horas según la vía y la dosis, aunque algunos estudios detectan alteraciones cognitivas sutiles medibles hasta 24 horas después en consumidores no habituales con instrumentos psicométricos sensibles. La capacidad de conducción de vehículos puede estar deteriorada de forma medible durante más tiempo del que el consumidor percibe subjetivamente, ya que los déficits en tiempo de reacción y coordinación fina persisten cuando la intoxicación ya no se siente de forma clara.

La permanencia de metabolitos de THC en el cuerpo es mucho más larga, y depende directamente de la alta lipofilicidad del THC: el compuesto y sus metabolitos se acumulan en el tejido graso y se liberan lentamente al torrente sanguíneo desde esos depósitos lipídicos.

Esta distinción —cómo actúa el THC en el cuerpo durante la intoxicación frente a cuánto tiempo persisten sus trazas analíticas— tiene implicaciones prácticas completamente distintas. El metabolito que detectan los análisis de orina estándar —el THC-COOH— no es activo farmacológicamente, pero su presencia en orina indica consumo reciente o habitual:

  • Consumo ocasional (una o pocas veces): THC-COOH detectable en orina entre 3 y 7 días.
  • Consumo moderado (varias veces por semana): ventana de detección de 10 a 20 días.
  • Consumo intensivo y crónico (uso diario): acumulación en tejido graso puede mantener el THC-COOH detectable durante 30 días o más, incluso tras cesar el consumo.

Esta discrepancia entre el fin de la intoxicación perceptible y la detección analítica tiene relevancia directa en contextos de control laboral, deportivo o judicial, donde la presencia de THC-COOH en orina no implica necesariamente intoxicación activa en el momento del análisis. Es una distinción que los marcos legales de muchos países todavía no han resuelto de forma satisfactoria desde el punto de vista científico.

¿En qué se diferencia el THC del CBD a nivel de receptor?

La diferencia entre el THC y el CBD en su relación con el receptor CB1 explica por qué ambos compuestos, procedentes de la misma planta, producen experiencias completamente distintas. NaturWest comercializa exclusivamente productos con CBD (cannabidiol) con THC inferior al 0,2% —el límite legal en España—, y la distinción mecanística entre ambas moléculas no es una cuestión de marketing: es la base farmacológica que hace que el CBD no produzca intoxicación cannábica ni altere el estado mental.

Parámetro THC CBD
Mecanismo sobre CB1 Agonista parcial (se une y activa directamente) Modulador alostérico negativo (se une en sitio distinto; puede reducir la respuesta al THC)
Afinidad por CB1 Alta (sitio ortostérico) Muy baja en sitio ortostérico; actúa en sitio alostérico
Afinidad por CB2 Moderada Baja directa; efectos indirectos vía inhibición de FAAH
Efecto psicoactivo Sí — produce intoxicación cannábica No — no produce intoxicación ni altera el estado mental
Efecto sobre la amígdala Puede incrementar ansiedad a dosis altas Estudios sugieren modulación diferente sin activación directa de CB1
Metabolismo principal CYP2C9, CYP3A4 → 11-OH-THC activo CYP2C19, CYP3A4 → metabolitos inactivos

El CBD actúa como modulador alostérico negativo del receptor CB1: en lugar de unirse en el mismo sitio que el THC (el sitio ortostérico), se une en un sitio diferente del receptor (el sitio alostérico) y modifica la conformación del receptor de forma que reduce su respuesta a otros agonistas, incluido el THC cuando ambos compuestos están presentes. Esto significa que el CBD no activa el receptor CB1 —y por tanto no produce efectos psicoactivos—, sino que puede modular la respuesta del receptor frente a la activación por agonistas como el THC, lo que tiene implicaciones para entender las diferencias entre productos de espectro completo y aislado de CBD.

Además de esta interacción con CB1, el CBD inhibe la enzima FAAH (que degrada la anandamida endógena), actúa como agonista del receptor TRPV1 y modula receptores de serotonina (5-HT1a) y adenosina. Ninguno de estos mecanismos produce la cascada de señalización característica de la activación directa del CB1 que explica la intoxicación cannábica del THC. El CBD tiene actividad farmacológica sobre el sistema endocannabinoide y otros sistemas de receptores, pero a través de vías completamente distintas a las del THC.

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¿Qué dice la investigación científica sobre como actúa el THC en nuestro cuerpo?

La base científica sobre cómo actúa el THC en el cuerpo es sólida en los aspectos mecanísticos fundamentales, aunque hay áreas donde la evidencia sigue siendo preliminar o acumulando matices importantes. La investigación revisada por pares ofrece una imagen más precisa —y más matizada— que la divulgación general que circula sobre el tema, tanto en medios sanitarios con sesgo preventivo como en medios cannábicos con sesgo permisivo.

El trabajo fundacional de Allyn Howlett et al. (1988), publicado en Molecular Pharmacology, identificó el receptor CB1 y demostró que el THC se une a él como agonista, estableciendo la base mecanística sobre la que descansa toda la investigación posterior.

Los trabajos de Mechoulam y colaboradores desde los años 60 hasta los 90 establecieron la estructura química del THC, la identificación de los endocannabinoides naturales y el mapa conceptual del sistema endocannabinoide. Esta investigación fundacional es la que permite afirmar con rigor que el THC no actúa de forma inespecífica sobre el sistema nervioso central, sino a través de un receptor concreto con distribución anatómica precisa y funciones bien caracterizadas.

En el área de neuroimagen, los estudios de Volkow et al. con PET y fMRI documentaron a lo largo de los años 90 y 2000 los cambios en el flujo sanguíneo cerebral y en el metabolismo de la glucosa durante la intoxicación con THC. Estos cambios permitieron correlacionar la activación de áreas específicas con los déficits cognitivos y motores observados conductualmente.

La revisión de Batalla et al. (2013) en PLOS ONE sobre cambios estructurales y funcionales en neuroimagen en consumidores de cannabis sintetiza esta evidencia de forma accesible. Sobre variabilidad individual, Bhattacharyya et al. (2012) en Translational Psychiatry ofrecen una perspectiva integradora de los factores neurobiológicos y genéticos que determinan la susceptibilidad individual a los efectos psiquiátricos del cannabis, incluyendo el papel del CBD como potencial modulador de esa respuesta.

La investigación sobre tolerancia y downregulation del CB1 con el consumo habitual está bien documentada en estudios preclínicos y validada con neuroimagen en humanos. Hirvonen et al. (2012) demostraron en Molecular Psychiatry una reducción significativa de la disponibilidad de receptores CB1 en corteza prefrontal e hipocampo en consumidores habituales de cannabis, con recuperación parcial tras cuatro semanas de abstinencia.

Ese hallazgo vincula directamente el fenómeno de tolerancia con un cambio neurobiológico medible y reversible, no con una predisposición psicológica. Donde la evidencia es más limitada es en la extrapolación de efectos crónicos en humanos a partir de modelos animales, y en la caracterización precisa de los mecanismos por los que el CBD modula la respuesta al THC in vivo con dosis y proporciones controladas.

¿Qué le ocurre al sistema endocannabinoide con el consumo habitual de THC?

El sistema endocannabinoide no es un sistema estático: responde al consumo habitual de THC mediante mecanismos de adaptación neurobiológica que explican el desarrollo de tolerancia y los cambios en la experiencia subjetiva que observan los consumidores regulares.

Los dos mecanismos principales son la regulación a la baja (downregulation) de los receptores CB1 y la desensibilización de los que permanecen activos. Ambos tienen base en estudios con neuroimagen en humanos, no solo en modelos animales.

La downregulation de CB1 implica que las neuronas expuestas de forma crónica a niveles elevados de activación del receptor reducen el número de receptores disponibles en su membrana. Esto ocurre mediante internalización (el receptor se retira de la membrana y se procesa intracelularmente) o mediante reducción de la síntesis de nuevos receptores.

El resultado directo es que la misma cantidad de THC produce menos activación del sistema —es decir, menos intoxicación perceptible— lo que lleva al consumidor habitual a incrementar la dosis para obtener el mismo efecto. Este es el mecanismo biológico subyacente a la tolerancia farmacológica al THC, documentado tanto en modelos animales como en estudios de neuroimagen con PET y SPECT en humanos.

Las áreas más afectadas por la downregulation del CB1 en consumidores habituales son precisamente las que tienen mayor densidad basal de receptores: corteza prefrontal, hipocampo y cerebelo. Esto tiene una implicación funcional directa: la tolerancia no se desarrolla de forma uniforme sobre todos los efectos del THC, sino con mayor intensidad en las funciones que dependen de esas áreasmemoria de trabajo, funciones ejecutivas y coordinación motora—, mientras que otros efectos del THC pueden desarrollar tolerancia más lentamente o de forma menos consistente.

El estudio de Hirvonen et al. (2012) en Molecular Psychiatry documentó una recuperación de entre el 25% y el 40% de la disponibilidad de receptores CB1 en corteza prefrontal e hipocampo tras cuatro semanas de abstinencia en consumidores regulares, con tendencia a la normalización progresiva en semanas posteriores. Este dato es relevante porque confirma que los cambios adaptativos del sistema endocannabinoide inducidos por el THC tienen una reversibilidad parcial documentada, aunque el ritmo y la extensión de esa recuperación varían entre individuos según la intensidad y la duración del consumo previo.

Un aspecto que con frecuencia se pasa por alto es que cuando los receptores CB1 están regulados a la baja por exposición crónica al THC, también se reduce la respuesta del sistema a los endocannabinoides endógenos propiosanandamida y 2-AG—, no solo al THC externo. Esto puede contribuir a las alteraciones del estado de ánimo y del sueño que algunos consumidores habituales reportan durante los periodos de abstinencia: el sistema endocannabinoide endógeno está funcionando con menos receptores disponibles que los que tenía antes del consumo habitual, y necesita tiempo para recuperar su configuración basal.

¿Qué pasa en el cuerpo con el consumo habitual de THC?

El sistema endocannabinoide no funciona siempre igual. Cuando el organismo recibe THC de forma repetida, empieza a generar mecanismos de adaptación para mantener el equilibrio.

Uno de los principales cambios es que el cerebro reduce la sensibilidad de algunos receptores CB1 o disminuye temporalmente la cantidad disponible. Dicho de forma sencilla: el cuerpo se acostumbra al estímulo.

¿Qué significa esto en la práctica?
Que la misma cantidad de THC puede producir menos efecto con el tiempo, algo que se conoce como tolerancia.

Esta adaptación parece producirse especialmente en áreas relacionadas con:

  • La memoria
  • La concentración
  • La planificación y funciones ejecutivas
  • La coordinación motora

Por eso algunas personas notan que, con el tiempo, ciertos efectos cambian o dejan de sentirse con la misma intensidad.

La parte interesante es que esta adaptación no parece ser necesariamente permanente. Algunos estudios sugieren que, tras periodos de pausa o abstinencia, parte de la actividad del sistema endocannabinoide puede recuperarse progresivamente, aunque el ritmo varía según cada persona y factores como el tiempo o la frecuencia de consumo.

Otro detalle poco conocido es que estos cambios no solo afectan a la respuesta al THC externo. Durante ese proceso de adaptación, el sistema también puede responder de forma diferente a los endocannabinoides naturales que produce el propio cuerpo, lo que podría ayudar a explicar por qué algunas personas describen cambios temporales en el sueño, el ánimo o la sensación de bienestar cuando interrumpen un consumo habitual.

Si te interesa entender cómo interactúan los cannabinoides con el cuerpo, recuerda que no todos actúan igual. Mientras el THC se asocia a efectos psicoactivos, el CBD ofrece una forma diferente de relacionarse con el sistema endocannabinoide, sin generar ese efecto de intoxicación. Disfruta del mejor CBD en nuestro catálogo de flores de CBDresinas y hash de CBD, con THC inferior al 0,2% totalmente legales en España. Todos los productos del catálogo tienen sus análisis de laboratorio publicados para verificar la composición cannabinoide de cada referencia.

Preguntas frecuentes

¿Cómo actúa el THC en el cerebro paso a paso?

El THC llega al cerebro a través del torrente sanguíneo tras su absorción por la vía de consumo correspondiente. Una vez en el sistema nervioso central, se une directamente al receptor CB1, concentrado en hipocampo, corteza prefrontal, amígdala, cerebelo y ganglios basales. Al activar el CB1 como agonista parcial, modifica la liberación de neurotransmisores —principalmente glutamato y GABA— mediante señalización retrógrada, ajustando la intensidad de la comunicación sináptica en esas áreas. Esa modulación produce los cambios observables: déficits en la memoria a corto plazo, alteraciones de la percepción del tiempo, modificaciones del estado emocional y deterioro de la coordinación motora. El metabolismo hepático convierte el THC en metabolitos activos (11-OH-THC) e inactivos, y la eliminación progresiva del compuesto da lugar a la remisión gradual de la intoxicación a lo largo de horas.

¿Qué receptores activa el THC en el cuerpo?

El THC activa principalmente el receptor CB1, distribuido en alta densidad en el sistema nervioso central: hipocampo, corteza cerebral, cerebelo, ganglios basales, amígdala, tálamo e hipotálamo. También se une al receptor CB2, que se encuentra sobre todo en el sistema inmune —bazo, macrófagos, linfocitos T y microglia— con menor afinidad que por CB1. Los efectos cognitivos y perceptuales de la intoxicación cannábica se explican fundamentalmente por la activación de CB1 en el sistema nervioso central; la activación de CB2 no está asociada a los efectos psicoactivos. Hay evidencia también de interacción con receptores TRPV1 y GPR55, aunque con menor relevancia para los efectos centrales de la intoxicación.

¿Por qué el THC altera la percepción del tiempo?

La distorsión de la percepción temporal durante la intoxicación cannábica se asocia a la activación de receptores CB1 en el hipocampo y la corteza prefrontal medial, estructuras involucradas en la codificación de secuencias temporales de eventos y en la estimación de la duración de los intervalos. El hipocampo participa en registrar cuándo ocurren las cosas y en qué orden; su interferencia por el THC produce una sobreestimación de los intervalos de tiempo: el tiempo parece transcurrir más despacio de lo que realmente lo hace. Los estudios de neuroimagen confirman cambios metabólicos en estas estructuras durante la intoxicación cannábica que correlacionan con la intensidad de la distorsión temporal percibida. Es uno de los efectos más consistentes y reproducibles del THC en la farmacología humana.

¿Cuánto tarda el THC en eliminarse del organismo?

La respuesta depende del patrón de consumo y de la alta lipofilicidad del THC, que se acumula en tejido graso y se libera lentamente. Los efectos perceptuales de la intoxicación cannábica remiten entre 2 y 6 horas según la vía de consumo. Sin embargo, el metabolito urinario THC-COOH puede detectarse analíticamente durante periodos mucho más largos: entre 3 y 7 días en consumo ocasional, 10-20 días en consumo moderado, y hasta 30 días o más en consumo crónico intensivo. Importa distinguir entre la presencia de metabolitos en el organismo —que no implica intoxicación activa— y la duración del estado de intoxicación propiamente dicha, que son parámetros independientes con implicaciones distintas.

Resumen

Entender cómo actúa el THC en el cuerpo requiere bajar al nivel del receptor CB1 del sistema endocannabinoide. La pregunta de cómo actúa el THC en el cuerpo tiene una respuesta mecanística precisa y no circular: la distribución del CB1 en el cerebro determina qué efectos produce el THC y por qué. El THC se une directamente a ese receptor como agonista parcial, activa las áreas cerebrales donde el CB1 es más denso —hipocampo, corteza prefrontal, amígdala, cerebelo y ganglios basales— y modifica la liberación de neurotransmisores mediante señalización retrógrada. El CBD, por el contrario, no activa directamente el CB1 y no produce intoxicación cannábica.

  • El THC actúa como agonista parcial del receptor CB1 del sistema endocannabinoide, activándolo directamente mediante señalización retrógrada sobre la liberación de glutamato y GABA
  • El hipocampo tiene la mayor densidad de CB1 en el sistema nervioso central; su activación por el THC produce déficits en la memoria a corto plazo y la codificación de información nueva
  • La amígdala y el sistema límbico median los efectos emocionales del THC, incluyendo la distorsión de la percepción temporal y el riesgo de ansiedad intensa a dosis altas
  • El cerebelo y los ganglios basales explican el deterioro de la coordinación motora y los tiempos de reacción durante la intoxicación cannábica
  • La variabilidad individual en la respuesta al THC tiene base neurobiológica: polimorfismos del gen CNR1, diferencias en las enzimas CYP2C9/CYP3A4 y el tono basal del sistema endocannabinoide
  • El inicio de la acción varía desde 2-10 minutos (vía inhalada) hasta 30-120 minutos (vía oral); la duración de la intoxicación, entre 2 y 10 horas según la vía
  • El consumo habitual produce downregulation del CB1 en corteza prefrontal e hipocampo, con recuperación parcial de entre el 25% y el 40% tras cuatro semanas de abstinencia
  • El CBD no activa el CB1 —actúa como modulador alostérico negativo— y por eso no produce intoxicación cannábica ni altera el estado mental; los productos de CBD de NaturWest tienen THC inferior al 0,2%
  • El THC-COOH en orina puede detectarse hasta 30 días en consumidores crónicos, aunque ese tiempo no corresponde a la duración de la intoxicación activa

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